Estamos en crisis, o por lo menos eso es lo que no paro de leer en las noticias y de oir en la boca de la gente. Bancos que se vienen abajo, el paro que sube, gobiernos inflando dinero, y todo añadido en nuestro país al hundimiento de las inmobiliarias y los síntomas de reventón de la burbuja que veníamos arrastrando. Es un pánico un poco exagerado para muchos y no tanto para otros… llamémoslo crisis entonces.
La cuestión es: ¿de dónde recortarmos en épocas de crisis? No soy economista, tampoco político, ni tampoco empresario o autónomo. Pero por la parte que me toca hay cosas que no entiendo. Se está empezando a plantear en ciertas comunidades autónomas aplicar los recortes en el sector de la educación, y más concretamente en la educación universitaria con la excusa de la crisis. No puedo evitar simplificar las relaciones: falta de confianza financiera que lleva al hundimiento de los bancos y la economía, afectando al paro, ahorros familiares, hipotecas, créditos… en definitiva, no hay dinero y el estado interviene para que no ocurra el caos.
Sin embargo, en estas épocas de crisis, la educación y el presupuesto universitario siempre lo vi como el último recurso. Soy de los que piensa que la educación es el último saco a vaciar, ya que hablar de educación es hablar de futuro, es hablar de progreso y avance. Y en el caso universitario la Investigación y Desarrollo es esencial en estos períodos de vacas flacas, esencial en el sentido de que si no se recorta, tras la mala época y apriete de cinturón tendremos profesionales y empresas que producirán progreso y desarrollo.
Pero no quiero analizar la crisis ni tampoco ser alarmista en el recorte de presupuesto para educación. Lo que me ha llevado a escribir este post es el verdadero problema del I+D en España, y más concretamente en el mundo universitario. Sólo que en épocas de crisis como la actual es fácil darse cuenta de lo que está pasando.
En las universidades españolas se investiga, se tienen laboratorios, talleres, departamentos, fundaciones colaboradoras con el desarrollo, empresas “inyectoras” de dinero, etc… hay, por lo menos, gente interesada en que se invierta en I+D, ya sea por beneficio propio o simplemente por mejorar el sistema educativo, empresarial y social. ¿Es suficiente? Por supuesto que no. ¿Y con los recursos empleados, se consiguen los resultados esperados? Aquí está la clave: ¡NO!
Y ahora, precisamente con la crisis, es donde se ve perfectamente. Antes de esta etapa presupuestaria recesiva, la Universidad invertía parte de su presupuesto en medios y recursos de investigación, colaboraba con empresas, ampliaba infraestructuras para laboratorios y nuevos espacios de investigación. Igual es en la actualidad, incluso con la amenaza de la falta de dinero en el horizonte. Esto no ha cambiado.
¿Y los problemas? O más bien, ¿y los resultados? Pues más bien los de siempre. Es decir, nuestros investigadores se van o se enquistan en la estructura educativa superior, perdiendo entonces muchos de ellos la motivación inicial y la esperanza de hacer algo importante. ¿Es entonces la falta de dinero de la siempre nos hemos quejado desde la Universidad? Bueno, siempre ha sido un factor a tener en cuenta y no ha ayudado no tener el presupuesto en investigación que poseen otros.
Pero lo curioso es que habiendo épocas de menor presupuesto, menor capacidad de recursos y mayor desmotivación por razones económicas (pensemos en un investigador con una hipoteca en la actualidad, por ejemplo), los resultados son muy parecidos. ¿Por qué? A mí se me ocurre una razón bastante visible y razonable: la pésima forma que tenemos de emplear los recursos que tenemos.
Las grandes empresas de este país que apoyan la investigación en la Universidad tienen una capacidad enorme de generar dinero y negocio, pero luego no se preocupan por cómo se emplea ese dinero invertido en investigación. Lo mismo ocurre, a mi parecer, en la universidad. Parece que tenemos un don para derrochar, lo que nos lleva al pánico cuando no lo tenemos. Sólo hay que pasarse por muchos de los laboratorios de investigación y ver problemas tan típicos como malas conexiones de internet, puestos incómodos, desorganización de material, falta de climatización, etc.. sin embargo, y por otro lado, ves cómo muchos de los equipos empleados son de última generación y con capacidad suficiente para trabajar con ellos.
Un ejemplo que hoy he sufrido en mi piel en el laboratorio en el que empiezo mi proyecto. Dispongo de un ordenador Quad-Core de 3GHz con 4GB de RAM, 500GB de disco duro, monitor 21″ panorámico… un “pedazo de pepino”, como diría alguno, para lo que necesito. Sin embargo, tras instalarme el sistema operativo sobre el que voy a trabajar y que empecé a actualizar, me doy cuenta de que la conexión a internet es extremadamente lenta, teniendo que emplear más de dos días para poder bajarme una actualización de 300MB. !¿Qué demonios?!
Pues increíble pero cierto. Resulta que el edificio de la universidad en el que trabajamos, dedicado exclusivamente a laboratorios de investigación, posee una conexión realmente deficiente, y sin embargo no es por falta de equipos o dinero empleado. Tras alguna conversación que otra llegas a la conclusión de que el problema está en no haber considerado esencial ese problema inicialmente. La verdad es que no me lo podía creer, sobre todo teniendo en cuenta lo indispensable que es hoy una día una conexión decente a internet, y sobre todo si tu trabajo tiene que ver con el Software y las tecnologías Web.
Cosas como esta son las que vas aprendiendo conforme te introduces en el mundillo. En definitiva, una falta de organización y pérdida del foco muy imporante, además de la desmotivación contagiosa que sufre el mundo universitario. Es algo que tiene remedio, pero de lo que es muy importante darse cuenta. Estamos obsesionados con la falta de presupuesto y dinero, que también tiene gran importancia, pero creo que estamos olvidando el gran problema de la investigación y desarrollo de este país.
Por tanto, un mensaje muy importante que debemos tener en cuenta es cómo utilizar nuestros recursos y saber organizarlos. No vale de nada estar continuamente pidiendo dinero cuando aún no sabemos utilizarlo, y mucho menos gastarlo cuando no nos preocupamos de su correcta utilización a la que estaba destinado. Tanto el sector privado como el público, y la Universidad, son responsables de la utilización de recursos de investigación en I+D y es un esfuerzo que debemos hacer, sobre todo en períodos de recesión económica.