Bolonia y el miedo universitario.

por David Cañadillas, el 9 de June de 2008

Junio 2008. Época de exámenes, y como la mayoría de los junios desde hace años, me encuentro en una biblioteca preparando las 4 asignaturas que me quedan de mi ingeniería. Empiezo a ver la luz al final del túnel y doy los últimos coletazos de mis estudios universitarios, al mismo tiempo que empiezo mi carrera profesional. ¡Mucho estrés! Suerte que no me vuelven a cambiar el plan de estudios con la llegada de Bolonia… no me va a tocar.

Acabo de leer un artículo en El País digital: Sí a Bolonia, pero no así, en el que el Rector de la Universidad Complutense de Madrid da una visión bastante acertada, en mi opinión, del proceso del Espacio Europeo de Educación Superior en la Universidad española. Pero me gustaría matizar un poco esta visión de Carlos Berzosa, por dos razones que creo que aportan valor:

  1. Porque gran parte de mi trabajo profesional consiste en unir la Universidad con las empresas de las Tecnologías de la Información, y mi situación de agente doble (universitario y profesional) da una visión desde ambos ángulos.
  2. Porque la experiencia me ha hecho ver que desde las “altas esferas” se mete todo en el mismo saco cuando hablamos de carreras universitarias, y la realidad es completamente distinta.

Efectivamente, la militancia al rechazo de Bolonia en España está justificada, por la intención de algunas partes de “mercantilizar la universidad pública”. Es evidente que las empresas van a aprovechar la llegada de Bolonia a las universidades para aumentar su influencia y “captar talento” de forma más eficaz, mejorando su capacidad de ganar dinero. Pero pensemos un momento: ¿Esto es nuevo? ¿Es todo negativo? ¿Puede convivir una influencia empresarial con un entorno de investigación independiente universitario? A la primera pregunta, no; a la segunda, no; y a la tercera, sí.

Pues claro que esto no es nuevo. Las empresas siempre han estado ahí, pendientes de crear un entorno empresarial a las futuras promesas de cada sector y sacando tajada, evidentemente, de la captación de talento de la educación superior. Aquí es donde yo veo una diferencia que no se quiere tener en cuenta por parte de las universidades, y pongo el ejemplo de las becas en prácticas para alumnos universitarios de últimos años de carrera, donde la diferencia es abismal entre unas empresas y otras. Unas explotan los recursos del novato empresarial al máximo, llegando a veces a la precariedad laboral, pero otras todavía actúan consecuentemente y ofrecen un sueldo y condiciones “decentes” (podría estar mejor) a esos becarios que realizan un trabajo importantísimo en la empresa.

Por supuesto que no es todo negativo. Estoy completamente de acuerdo en que la universidad, por delante de todo, debe ser abanderada del conocimiento y del I+D+i (Investigación, Desarrollo e Innovación), pero tampoco debemos olvidar que es una etapa de nuestra vida que también nos prepara para el mundo laboral. Debemos dejar por tanto, que la empresa influya en la universidad pública y tenga presencia, ya que los universitarios tienen que tener visión de la realidad que hay fuera y de cómo se mueve el mundo empresarial, que por suerte o por desgracia, es el motor de nuestra sociedad actual.

A la tercera pregunta… bueno, pues bien hecho siempre pueden convivir. Los dos mundos, el empresarial y el universitario, son interdependientes el uno del otro. Es una realidad que no podemos negar, los dos se necesitan. El gran problema de la universidad y la empresa española es el mismo: no se investiga lo suficiente. Nos echamos la culpa mutuamente, unos diciendo que no preparan profesionalmente a sus alumnos, y otros que no se invierte desde el sector privado a la investigación pública. En fin, típico español, la culpa siempre es del otro. Ya va siendo hora de cambiar la tendencia y convivir y avanzar para el beneficio de ambos.

¿Pero qué supone Bolonia en realidad en esta convivencia necesaria? Yo lo veo con optimismo y siempre miro al ejemplo intentando aprender de él. Fuera de nuestras fronteras existen países que han conseguido crear el entorno necesario para convertir la Universidad en lo que es: el centro pionero del conocimiento y la investigación, pero con una gran relación con la empresa. Los países del Norte de Europa pueden mostrarnos mucho en este logro, y si aprovechamos la calidad de nuestros alumnos y docentes (latente, pero que está ahí), podemos llegar muy lejos y lograr cambiar la tendencia. No olvidemos que Bolonia supone converger con nuestros compañeros europeos, estar codo con codo con sus universidades, aprender de sus logros y de sus fracasos, y ellos de los nuestros. El cambio es necesario y Bolonia puede ayudarnos a tomar el buen camino.

¿Entonces, dónde está el problema de Bolonia? Lo veo claro, cristalino, transparente: nuestro eterno miedo al cambio. Tenemos miedo a cambiar lo que hasta ahora, aunque con deficiencias, nos ha funcionado. Universitariamente hablando somos conservadores, eso es innegable. Sólo hay que pasarse por las escuelas y facultades de nuestras universidades públicas para darse cuenta. La misma frase siempre está presente: “a mi siempre me ha funcionado así”. La burocracia y el enquistamiento de ciertos puestos públicos también ponen su granito de arena, pero no podemos echarle toda la culpa.

Tenemos que ser autocríticos, pero no sólo con los cambios, sino con lo que ya teníamos. Los cambios son para sacar provecho de la nueva situación y solucionar las deficencias. La versión 1.1 corrige los errores de la 1.0, pero la 2.0 mejora estratégicamente la anterior 1.9 con nuevos cambios, además de corregir los errores anteriores.

En definitiva, si tomamos Bolonia como una oportunidad para acercarnos a la empresa, a la vez que mejoramos la capacidad investigadora independiente de la Universidad, podemos cambiar la tendencia de España como un país de ventas a un país de conocimiento y desarrollo. Necesitamos Bolonia, siempre y cuando seamos capaces de quitar nuestro miedo. Debemos demostrar que en igualdad de sistema de estudios con nuestros colegas europeos podemos hacerlo incluso mejor que ellos. Yo creo que Bolonia es bueno, pero tenemos que poner todos de nuestra parte.

Muchas grandes mentes españolas han estudiado en nuestras universidades, pero gran parte de ellas han tenido que moverse fuera para demostrar su capacidad. Tal vez Bolonia ayude a que nuestros grandes talentos sólo crucen las fronteras como herramienta formativa, y no como destino final. ¡Sí a una Bolonia bien adaptada! ¡No a una Bolonia del pelotazo!

Cómo debe ser la canción del verano

por David Cañadillas, el 5 de June de 2008

Parece que el calorcito se niega a venir aún, pero no queda mucho para que una bofetada de calor aparezca de pronto sobre nuestras caras. Todo el ritual del verano ha comenzado: los exámenes de junio, anuncios de cruceros y vacaciones, gimnasios repletos, fin de temporada de series, Eurovisión… y como no ¡la canción del verano!

Pero me he parado a pensar cómo serán las canciones del verano en otros países. Visualicé, por tanto, vídeos en YouTube de Eurovisión, la mayor cantera de canción del verano y marcatendencias en música veraniega, por lo menos en España. Y mira por dónde llegué a parar a una canción llamada Hvatit, del grupo ruso Slivki, compuesto por tres chicas (muy majas ellas), que me recuerda un poco el estilo Ricky Martin. Os dejo el vídeo:

No se qué os parecerá a vosotros, pero este vídeo tiene todo el ritmo de canción del verano. Y recordando así por encima típicos autores veraniegos españoles como King África, David Civera, Ricky Martin, Chayanne (o como demonios se escriba), el Chikilicuatre, etc… No se, pero creo que estos rusos saben más que nosotros…