El arte del estudio computerizado
Estamos en febrero, una de esas épocas en las que los estudiantes universitarios pasamos largas noches estudiando, saturamos nuestro organismo de cafeína, buscamos bibliotecas confortables para estudiar, aplazamos nuestras salidas nocturnas del fin de semana para fin de exámenes, gastamos medio sueldo en kilos de fotocopias que luego ni miraremos, etc… Todo un sinfín de sucesos asociados a nuestras temidas épocas de exámenes. Y todo ello para llegar a ese deseado 5.0 que muchas veces es casi más satisfactorio que un mismísimo Notable o Sobresaliente.
En estas fechas de exámenes, ya sea ahora en febrero, en junio o en septiembre, sacar tiempo para estudiar y aprovechar las horas de estudio es esencial. Por eso cualquier distracción que tengamos en nuestra mesa de estudio nos puede ser fatal cuando vamos bastante ajustados de tiempo para nuestro siguiente examen (suele ser mi caso). El ordenador es una de esas distracciones que puede ser fatal. ¿Debemos dejar el ordenador lo más alejado posible entonces? Pues es una de las soluciones extremistas, pero hay otras que creo que a la larga pueden ser más útiles.
Esta foto de mi escritorio lo deja claro. Yo he terminado por adoptar una solución más alineada con mi pasión por la tecnología, y es la de usar el ordenador como una herramienta más del estudio. Reconozco que aún no he conseguido aprovecharlo ni al 50%, pero ya empiezo a acostumbrarme a poder tener mi portátil como uno más en mis épocas de exámenes. La utilidad que me proporciona a la hora de estudiar y concentrarme es múltiple: me sirve como lectura de apuntes, conversor de unidades, calculadora, cronómetro de tiempo de estudio, fuente de comunicación de dudas (navegador, mail o mensajería instantánea), etc…
Lo difícil es poder dejar las aplicaciones de ocio aparte mientras estudiamos, y para ello necesitamos un poco de disciplina. De hecho, en este caso el hábito sí hace al monje y cuanto más usemos el ordenador como herramienta de estudio y nos acostumbremos, menos lo asociaremos al ocio y menos nos distraeremos con él en las horas de estudio. En mi caso no me quedó más remedio: si no puedes con el enemigo, únete a él.
Además, no olvidemos que, en el caso de poder tener nuestros apuntes o transparencias en formato electrónico, ahorramos una enorme cantidad de papel y contribuiremos con nuestro pequeño granito de arena a la conservación del Medio Ambiente. Así que no me cansaré de decirlo: si no es necesario imprimir los apuntes no lo hagáis.

